Teatro para niños completo de Javier Villafañe PDF Imprimir E-mail
Escrito por Jorge Dubatti   
Lunes, 22 de Junio de 2009 00:07

Teatro para niñosTeatro para chicos. Títeres y actores (Obras completas, tomo I), de Javier Villafañe. Buenos Aires, Colihue, 2009, 141 páginas. Calificación: EXCELENTE  

El volumen recoge quince piezas de teatro infantil, la totalidad de la producción en el género escrita por el gran titiritero. Incluye textos clásicos ("La calle de los Fantasmas", "El pícaro burlado", "El Caballero de la Mano de Fuego") junto a piezas desconocidas. Un acontecimiento.  

 

El próximo miércoles 24 de junio, el gran titiritero y poeta Javier Villafañe cumplirá cien años. Clásico de la literatura y el teatro argentinos, nacido en 1909 y fallecido en 1996, Villafañe vive y brilla cada día más a través de una amplia obra que combina sencillez popular y profundidad humana. Colihue ha emprendido la tarea de editar sus obras completas en seis tomos. El primero, que ya está en librerías, recoge el Teatro para chicos. Títeres y  actores y reúne quince piezas, las muy representadas “La Calle de los Fantasmas” o “El pícaro burlado” (también conocida como “Chímpete, Chámpata”) junto a otras por descubrir, tan hermosas como las mencionadas.

Dicen que Villafañe descubrió los títeres en La Boca, los “pupi”, cuando tenía diecisiete años. En 1933 concibió la idea de salir por los caminos con sus títeres en una carreta tirada por caballos, a la que bautizó “La Andariega”. Ese mismo año conoció en Buenos Aires a Federico García Lorca, cuyo amor por los títeres lo vinculó estrechamente a Villafañe.

La Comisión Nacional de Cultura le otorgó en 1940 una beca para que recorriera el país y difundiera el lenguaje de los títeres como una herramienta de formación de los niños. En sus visitas escolares les pedía a los chicos que dibujaran, pintaran y armaran su propio retablo titiritero. Su libro de poemas y canciones El Gallo Pinto, de 1945, fue ilustrado con los dibujos de los chicos. Dicen que, acompañándolo en La Andariega, nació otro gran titiritero: Ariel Bufano. 

A mediados de los años cuarenta comienza a recorrer Latinoamérica, donde lleva sus títeres y se interesa especialmente por los americanismos, el folklore y la cultura popular. En España, con su carreta y sus títeres, realizó la ruta de Don Quijote de la Mancha. Regresó a la Argentina en 1984. Ya consagrado, recibió el Primer Premio Nacional de Literatura Infantil y el Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes. Una plaza de Cuba, en su homenaje, lleva el nombre de dos de sus personajes entrañables: “Juancito y María”. Falleció el 1 de abril de 1996, a los ochenta y seis años, en el barrio donde nació, Almagro.

Además de sus piezas teatrales para niños, Javier Villafañe escribió poesía y cuentos infantiles, teatro, poesía y cuentos para jóvenes y adultos, ensayos y conferencias. Uno de sus libros más singulares es Historias de pájaros (1957), colección de relatos, observaciones naturalistas y folklóricas sobre aves argentinas y latinoamericanas: el gorrión, el tucán, el carancho, la lechuza, el chonchón, el picaflor, el cóndor y  muchas más.

Otra de sus grandes creaciones es el cuento para niños La vuelta al mundo (1985). Santiago se propone dar la vuelta al mundo en su triciclo, acompañado por un gallo, un conejo, un caracol, una hormiga, una vaca, un grillo, una paloma, una camello, una tortuga, un caballo, un elefante y otros amigos. La vuelta al mundo será una vertiginosa vuelta manzana.

Las pequeñas piezas teatrales recogidas en Teatro para chicos son un prodigio de dramaturgia titiritesca. Su teatralidad sencilla y efectiva, su narrativa lineal, el uso de fórmulas tradicionales, el sentido de teatralidad afirmado por el conocimiento de las más acuciantes reglas escénicas, hacen que se sienta que estas obras fueron escritas “por el pueblo”, que son resultado de un sujeto colectivo y anónimo y de una larga transmisión histórica en una cadena de juglares desconocidos.

Este sabor popular de la escritura de Villafañe –muy diferente al de sus obras dramáticas para adultos- proviene de las reglas del retablo titiritesco, pero también de su adhesión estético-ideológica a la tendencia “neopopularista” española y latinoamericana, encarnada ejemplarmente por Federico García Lorca, Rafael Alberti, Ricardo Molinari y muchos neorrománticos argentinos del cuarenta. Con su poética Villafañe contacta con una cultura anónima, popular y permanente, casi atemporal. Nos hace imaginar que estas obritas habrían hecho reír en una plaza del siglo XV o en manos de un bululú colonial del siglo XVIII. “El pícaro burlado” retoma la estructura de la farsa medieval, a la manera de Maese Pathelin. “El Caballero de la Mano de Fuego” recupera el mundo de los romances españoles, a su vez cruzados con el imaginario de los libros de caballería y el ciclo artúrico. En “La Calle de los Fantasmas” revive la antiquísima huella de la comedia latina y su heredera la commedia dell’arte. Todo ello sin asomo de anacronismo, con un efecto de tiempo eterno y proximidad de presente constante. Villafañe posee la maestría de acceder directamente a arquetipos transhistóricos, y de atravesar con ellos la sensibilidad de todos: niño, joven, adulto y anciano. Y ésa es tal vez su mayor originalidad: la capacidad para hacerse –como dice José Hernández en Martín Fierro- manantial de aguas profundas.

Actualizado ( Martes, 23 de Junio de 2009 17:29 )
 
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