El arribo de un hombre de teatro al San Martín. Gestión de Antonio Cunill Cabanellas PDF Imprimir E-mail
Escrito por Carlos Fos   
Miércoles, 29 de Julio de 2009 02:39

El presidente de AINCRIT analiza la importancia de la acción de Cunill Cabanellas en el Teatro Municipal.

Nacido en Barcelona el 27 de agosto de 1894, Antonio Cunill Cabanellas era hijo del actor Juan Cunill y de la hija del banquero Antonio Cabanellas, quien la desheredó por entregar su amor a un cómico. Ingresó a las escuelas más exclusivas de la ciudad mediterránea hasta comenzar sus estudios superiores en la Universidad Condal, en la carrera de ingeniería. Pero antes de tomar este paso ya había incursionado en el teatro tomando lecciones con uno de los renovadores de la escena catalana de inicios de siglo, el maestro Adrián Gual, el denominado Stalisnavsky de la península. No sólo conoció la teoría del director ruso pues también accedió a los trabajos de Gordon Craig. Para comprender la importancia de Gual, formador inicial de Cunill, recordemos que fue el creador del Teatro íntimo de Barcelona y de la Escuela Catalana de Arte Dramático. Adhirió a la estética de Mallarmé y otros simbolistas, ubicándose en las corrientes más rupturistas de aquellos años.Cunill Cabanellas se destacó como uno de sus discípulos más inquietos, a pesar de su juventud. Solía quedarse horas discutiendo sobre distintas técnicas actorales y de puesta, en un mundo signado por los cambios estéticos que proponía la Vanguardia. Por ello, más allá de las influencias recibidas fue perfilando  sus propios principios en el arte de desentrañar la verdad dramática.Visitó nuestro país muy joven –16 años- en 1910 por vez primera, para regresar a España dos años después. A poco de su vuelta a Argentina trabaja como actor  en compañías españolas asumiendo papeles secundarios. Pero el oficio de comediante no le daba elementos para subsistir. Por ello alternaba sus actuaciones con trabajos tales como fotógrafo o profesor de literatura española en colegios particulares. Era un lector voraz y suplantaba la falta de un título académico en la materia con el conocimiento profundo de la producción de los más celebrados autores.Luego de un frustrado viaje al Chaco para ocuparse de tareas técnicas como ayudante de  ingeniero en una empresa forestal, intenta, con dispar suerte reinsertarse en el medio artístico. Para ello se convierte en guionista, director intérprete y hasta productor cinematográfico. De esta etapa surgen filmes como Carlitos en Mar del Plata.Pero será la gira latinoamericana que emprende en 1917 la que le permite crecer como actor interpretando piezas tan dispares como zarzuela o sainete. También durante este periplo inicia su labor como asistente de dirección.De regreso a Buenos Aires su carrera toma un impulso definitivo. Como parte de la compañía Salvat-Olona comienza a escribir. Así entrega como dramaturgo  “Comedia sin título”, “Ni él ni ella” y “Chaco”, entre otras. Por esta última recibe el premio Florencio Sánchez al mejor estreno del año 1933.Sin dudas fue como director y docente el mayor aporte de Antonio Cunill Cabanellas al sistema teatral porteño. En el año 1928, luego de encontrarse en Europa con Max Reinhart; Gastón Baty, Jacques Coupeau y Charles Dullin, es designado profesor de arte dramático en el Conservatorio Nacional.En 1936, después de abordara una nutrida agenda en teatros comerciales como director de puesta, acepta la conducción de la Comedia Nacional. Inicia la temporada con “Locos de verano” de Gregorio de Lafererrère, replanteada con sustanciales apreciaciones artísticas. Y durante cinco años permanecerá en el cargo con un repertorio destacado de 27 obras, 26 de las cuales pertenecen a autores argentinos, muchos de los cuales eran desconocidos para el públicoDebido a su prestigio el intendente de la ciudad de Buenos Aires, Jorge Sabaté, lo convoca como director general del TMGSM, cargo que comienza a desempeñar el 21 de enero del año 1953.Al momento de ser elegido para esta tarea, Cunill era vicedirector del Conservatorio Nacional de Música y Arte Escénico Carlos López Buchardo, donde continuaba con su incansable tarea de formación. Acompañaría su administración en Teatro, Ernesto Csillag como secretario general. La prensa recibió con aprobación el nombramiento, destacando los méritos cosechados en una vida dedicada a la escena argentina; se lo consideraba una garantía de éxito desde el punto de vista artístico y organizativo y una necesaria inyección de vitalidad para la sala municipal. Con su llegada a la dirección se aceleraron las tareas de reformas edilicias que venían verificándose en la antigua sala, y que sentaban el inicio de las obras más ambiciosas para el desarrollo de propuestas culturales en el país. Las señaladas refacciones, que no impedirían el normal desenvolvimiento de la temporada, incluían al escenario y sus adyacencias, con la edificación de un monoblock de ocho pisos para los camarines del elenco, los talleres y depósitos de escenografías, sastrería, utilería y luminotecnia, además de los equipos exigidos para la refrigeración y calefacción del emprendimiento. Sin formar parte de la temporada oficial del Teatro Municipal San Martín, se estrena “Sueño de una noche de verano”, el clásico de Wiliam Shakespeare, en la sala del Teatro Colón. El objetivo de la Intendencia era presentarla en el ciclo de verano en el Anfiteatro Eva Perón, pero debido a la ambiciosa concepción de puesta, a cargo del propio Cabanellas, los tiempos se dilataron, y las condiciones climáticas demandaban un espacio cerrado.La crítica fue unánime en cuanto a los elogios de esta adaptación de Francisco Bolla, responsable de la versión española. Al reparto integrado, entre otros, por Pablo Acchiardi, Mario Pocoví, Malisa Zini y Darío Garzay, se le sumaba la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Buenos Aires, bajo la batuta de Aquiles Lietti, las sopranos Corrada Malfa y Vera Lamacek y los alumnos de la escuela de baile del Colón en una coreografía, preparada para la ocasión por Jorge Tomin. La escenografía y vestuario pertenecían a Luis Diego Pedreira, con colaboración de Van Wessen.Señalaba Noticias Gráficas en su edición del 21 de abril de 1953, “Bajo la dirección de Antonio Cunill Cabanellas, uno de nuestros hombres de teatro más expertos, la versión de la compañía fue inteligente y empeñosa”.Democracia, el mismo día, en consonancia con los demás diarios, adhería a los conceptos laudatorios, “El espectáculo presentado adquiere un esplendor feérico, por haberse ensamblado sagazmente los más diversos elementos: la farsa, el drama, la pantomima y la música. A pesar de que la versión cinematográfica dirigida por Max Reindhart, pudo contar con una técnica moderna, un ritmo dinámico y con diversos trucos efectistas, podemos asegurar que la versión ofrecida anoche supera el encanto fascinante de aquella obra, porque en esta presentación escénica adquiere un acento lírico inusitado y los personajes, diestramente conducidos, van otorgando a la comedia, un espíritu especial, que converge en los papeles simbólicos, que adquieren así carácter y jerarquía”.Pero el proyecto a largo plazo del nuevo director era otro. Cunill asume esta nueva etapa en la vida de la institución , decidido a priorizar autores rioplatenses  ya incorporados en el colectivo social. Ninguna de las obras elegidas fueron por lo tanto estreno, pero los matices que le aportó la nueva visión escénica  les otorgaron brillo y reconocimiento de la crítica y del público. En paralelo con esta idea de rescate del patrimonio dramático nacional, se restituyen los premios a las obras artísticas, pensado como una recompensa para los jóvenes autores. Esta medida estimulaba a escritores noveles y consagrados que eligieran para sus producciones una temática nacional; se instituía un galardón consistente en $5.000 en tres categorías: mejor drama, mejor comedia y mejor sainete. Se consideraba a las obras representadas durante el año del concurso en algún teatro de la ciudad de Buenos Aires por compañías profesionales. También habría premios por la misma suma para el mejor actor y la mejor actriz en las tres expresiones estéticas, e igualmente para el mejor escenógrafo. En cuanto a los teatros independientes se distinguiría con el señalado importe a la mejor obra, de autor novel, cualquiera fuera su género y duración, recibiendo también $5.000 la asociación, sociedad o agrupación artística que hubiera estrenado la mejor obra, considerándose la posibilidad de que ocupe una semana en el escenario de Teatro Municipal General San Martín. En el área de las producciones independientes los considerados mejor actriz, actor y escenógrafo se harían merecedores de un trofeo. La Secretaría de Cultura de la Nación retomaba, así, una iniciativa que había cedido en cuanto a la inversión y producción en los tres años anteriores, retomando la senda que le era característica al ser relanzada durante la primera gestión peronista. El propio jefe de gobierno, en una alocución, señalaba los objetivos que animaban al Estado como motorizador de políticas culturales, Yo, en cuanto se refiere al arte escénico del teatro y el cinematográfico, creo que el gobierno puede ofrecer a nuestros artistas de todo orden las posibilidades de trabajar efectiva y realmente por el arte. Y es lo que quiero decirles hoy a todos ustedes: Dividiremos la República –como lo hicimos en la económico- en “zonas culturales”, trabajando incansablemente para construir las bases fundamentales de la difusión de nuestra cultura… Estamos preparando un plan de creación de salas teatrales dignas del magnífico contenido de nuestro arte escénico. Y, con la colaboración de todos, crearemos algo más difícil y necesario: una conciencia de nuestro ideal de elevación de nuestro pueblo por la cultura, que puede impulsarnos a los grandes destinos con que soñamos.”[1]Cabanellas  comenzó a desarrollar su propuesta el 25 de junio de 1953 con “Bajo la garra” de Gregorio de Laferrère y siguió con un programa integrado por tres textos cortos: “Cómo se hace un drama”, de González Castillo; “La comedia de hoy”, de Roberto Lino Cayol, y “Los disfrazados” de Carlos Mauricio Pacheco. No podemos dejar de apreciar la falta de homogeneidad en la calidad de la propuesta, aunque respondía ideológicamente a la concepción original de la administración. Para representar a estas obras se trabajó con un elenco de probada solidez interpretativa y experiencia en el tránsito escénico. Blanca del Prado, Osvaldo Miranda, Mario Pocoví, Pablo Acchiardi, Malisa Zini, Darío Garzay, Pepita Muñoz, Daniel de Alvarado y Fina Wasserman son tan sólo algunos nombres destacados de un conjunto, que en el trabajo continuo, (la mayoría ensayaban, sin conformar un colectivo estable, desde comienzos de ese año) se afianzaba, bajo la dirección del propio responsable general de la sala. Al hablar de falta de homogeneidad, no esbozábamos una crítica, pues es en la diversidad,  con sentido de coherencia, de una programación, donde se alcanzan mejores resultados. Las críticas fueron muy buenas y destacaron el esfuerzo. Dijo “La Epoca”, en su edición del 23 de octubre de 1953: “Tan oportuna como merecida resulta la Fiesta del Género Chico Nacional con que anoche se reabrió el teatro Municipal General San Martín, ante una sala rebosante y ostensiblemente deleitada. Las tres piezas que se ofrecen marcan otros tantos aspectos del repertorio evocado, y que bien puede considerarse como perteneciente a una pequeña “época de oro” de la escena argentina. La representación se inició con la obra de José González Castillo “Cómo se hace un drama”, donde el talentoso autor acredita las firmes y amplias aptitudes que para el oficio escénico poseía. Ellas le permiten jugar con los personajes y la atención del espectador, interesándole de entrada y sorprendiéndolo a su antojo. El agudo ingenio de Roberto Cayol cautiva en “La comedia de hoy”, y que sigue siendo “de hoy”, sin arrugas, canas ni debilitamientos. Osvaldo Miranda destácase netamente en la interpretación, por la simpatía y desenvoltura que imprime a su personaje. Continúa también lozano el sainete “Los disfrazados” de Carlos M. Pacheco y el maestro Reynoso.” Agregaba “El Mundo” ese mismo día en sus páginas de espectáculos, “Cumple, así, la Intendencia Municipal una de las finalidades de su plan de acción cultural, brindando a la población metropolitana un aspecto formal de la historia del teatro argentino en su período evolutivo, honrando de paso la memoria de quienes o apuntalaron mediante una labor que, en su función social, redunda directamente sobre la cultura del país”.Algunos de los vestuarios de las obras mencionadas fueron encargadas a la reconocida modista AIDA, quien creó figurines destacados por sus audaces líneas de confección y por su moderna concepción. En 1954 se encararon tareas de gran envergadura en la obra de construcción del nuevo Teatro San Martín. Planeada por etapas, en su segunda fase se demolió el antiguo teatro para la ejecución  del proyecto completo tratando de aprovechar al máximo los materiales  adquiridos en la primera etapa. Abarcó la excavación de los enormes subsuelos y las submuraciones y contenciones, mediante grandes contrafuertes, de los edificios vecinos y permitió la realización de verificaciones de la  naturaleza del subsuelo y de ensayos de la transmisión de ruidos y vibraciones.Esta etapa se cumplió en 105 días, fue adjudicada mediante licitación a 6 empresas y requirió un considerable esfuerzo dado el tamaño de las excavaciones ( cerca de 40.000 m3.). Pocos edificios en Buenos Aires habían contado con un despliegue de tal magnitud. Sin sala disponible, el elenco del Teatro Municipal comenzó una gira por los barrios y varias ciudades del país. La Intendencia porteña, respondía también con esta decisión al propósito de difundir el teatro vernáculo más allá del estrecho mundo del centro de la ciudad de Buenos Aires. Señalaba el jefe de la Comuna, arquitecto Sabaté, al respecto, “esta feliz iniciativa, que es parte del plan elaborado en cumplimiento de los deberes que para con el pueblo tiene la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, es un paso más encaminado a dar cabal aplicación a las previsiones contenidas en el Segundo Plan Quinquenal”.[2]La Institución dirigida por Cabanellas, compartió esta tarea de difusión del teatro argentino con el Teatro Patagonia, conjunto dependiente de la Comisión Nacional de Cultura, encabezado por Iris Marga y que animaba en escena el drama de Gerardo Ribas “El ángel de barro”. Se sumaba a esta empresa, otros de los elencos sostenidos por el nombrado Organismo oficial, que dirige Arnaldo Malfatti y que continuaba con sus presentaciones de “El cantar de los tangos” de Alberto Botta y Elías Alippi,  en el teatro Roberto Casaux.Como queda expresado, se crea una huella firme en el camino hacia lo que se consideraba una actualización de la cultura nacional, en cumplimiento de dos objetivos complementarios, pero que hasta entonces se veían excluyentes, instruir y gustar. La pretensión, sin dudas ambiciosa, era asimilar y crear para el arte escénico una técnica que lo desarrollara al máximo, buscando en el interior del “pueblo” los verdaderos artistas capaces de realizar y expresar el arte del “pueblo” para el “pueblo”.Cunill, defensor de la idea de que los teatros oficiales debían apoyar el teatro de autor nacional adhirió a la promoción de este tipo de propuesta a través de las giras. En una entrevista expresaba, “Nuestros propósitos con relación al teatro argentino son bien definidos, y el plan que venimos desarrollando se ajusta en todo a estos propósitos. En estos momentos buscamos el contacto con los grandes núcleos populares mediante una revisión más o menos exhaustiva del teatro argentino más representativo. En el año actual llevaremos varias obras nacionales por tres grandes barriadas de la Capital y cuatro ciudades del interior: Boedo, Belgrano y Flores, y Córdoba, Rosario,  Mendoza y La Pampa”.[3]Para esta particular temporada de 1954, la dirección del San Martín eligió “Los mirasoles” de Sánchez Gardel; “En familia” de Florencio Sánchez; “Misia Pancha, la brava” de Alberto Novión ; “La mala reputación” de González Castillo y José Mazzanti y “Rigoberto” del uruguayo Armando Moock. La dirección de las obras estuvo a cargo del propio Cunill, interviniendo además en este ciclo, destacados escenógrafos como Gastón Breyer y Luis Diego Pedreira. Con una excelente respuesta de público se  visitaron las tablas de los teatros Boedo, Fénix, Sena, General Belgrano en los diferentes barrios porteños. Al respecto el diario “El Mundo” del 12 de febrero de 1954 informaba, “La Intendencia Municipal, teniendo en cuenta las provisiones que dispone el Segundo Plan Quinquenal en materia de cultura, ha resuelto que la compañía del Teatro General San Martín actúe este año en distintos barrios metropolitanos y en algunas capitales del interior. De este modo, los públicos de las respectivas barriadas y las poblaciones de tierra adentro podrán apreciar los mensajes artísticos que, de acuerdo con la finalidad ya señalada, les transmitirá el conjunto dirigido por Antonio Cunill Cabanellas”. “Rico Tipo” reproducía este risueño diálogo imaginario el 7 de septiembre de 1954, “- A juzgar por las obras que se están realizando en su viejo solar de la calle Corrientes, el futuro Teatro Municipal va a ser una cosa muy seria.- ¡Y tan seria, sí señor!...-Mientras tanto, el elenco de esa compañía oficial, siempre bajo la dirección de Cunill Cabanellas, continúa actuando en salas más o menos suburbanas.-Cosa que me parece espléndida. Porque ya era hora de que las salas de barrio, como en los viejos y buenos tiempos, fueran visitadas por compañías de real jerarquía… y no por los esforzados cultores del radioteatro galopante exclusivamente”. De igual manera las salas Roma de Avellaneda, Libertador General San Martín de Córdoba, El Círculo de Rosario y el  Independencia de Mendoza recibieron este destacable aporte teatral.A mediados de 1954, visitó Buenos Aires “Il Piccolo Teatro di Milano”, con la dirección de Paolo Grassi. En expresiones manifestadas a la prensa local, Grassi se mostró sorprendido por la actividad teatral de la ciudad y por la gestión que en este ámbito desarrollaba la Intendencia local. Terminó sus palabras de encomio para la sección cultural nacional y municipal con un párrafo destinado a las obras que se estaban ejecutando en el Teatro San Martín, al cual no dudó en calificar como “el mejor teatro del mundo por su modernidad, buen gusto y técnica”.[4]En 1955, la convulsionada vida política del país afectó el normal funcionamiento del Teatro, dilató los plazos de ejecución del nuevo edificio y la puesta en marcha de la temporada misma. Ante esta situación, y sin poder ver cumplido el sueño de estrenar los escenarios del nuevo Complejo, Cunill se alejó de la dirección del TMGSM el 11 de abril de 1955. Lo reemplazó en el cargo Arturo Gerardo López Peña. Pero su obra no había llegado a su fin. Siguió dedicado a la tarea docente y a dotar de mayor patrimonio al Instituto Nacional de Estudios de Teatro que el mismo creó. Sólo lo detuvo la muerte el 17 de febrero de 1969. Nos dejó el legado de su pasión , de su rigor en la tarea cotidiana y el amor por la enseñanza del teatro. Un rigor exento de autoritarismo, ya que afirmaba que “el arte debe resultar un juego, tanto para el que lo ejerce como para el que lo enseña o el que lo aprende”.  Bibliografía Casablanca, Adolfo. El teatro en la historia argentina. Edición del Honorable Consejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, 1994Castagnino, Raúl. Circo, Teatro gauchesco y Tango. Ediciones del Instituto Nacional de Estudios de Teatro, Buenos Aires, 1994Cunill Cabanellas, Antonio. El Teatro y el estilo del Actor. Editorial Marymar, Buenos Aires, 1984Ordaz, Luis. Historia del teatro argentino. Ediciones del Instituto Nacional de Estudios de Teatro, Buenos Aires, 2000   


[1] Diario Crítica, 22 de diciembre de 1953
[2] Minuta de prensa de la Intendencia de Buenos Aires, marzo de 1954
[3] Gacetilla de prensa Teatro Municipal General  San Martín, abril 1954
[4] Gacetilla de prensa Teatro Municipal General San Martín, 23 de junio de 1954
Actualizado ( Miércoles, 29 de Julio de 2009 02:42 )
 
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