| Historia de un encuentro, Artaud-Dulac: “La coquille et le clergyman”( La caracola y el clérigo), 1927 |
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| Escrito por Araceli Mariel Arreche |
| Viernes, 10 de Julio de 2009 22:30 |
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Cine y vanguardias históricas. Análisis de la única película cuyo guión escribió Antonin Artaud[1].
La piel humana de las cosas, la dermis de la realidad, he aquí con qué juega el cine en primera instancia. Antonin Artaud. La auténtica esencia del cine procede de la auténtica esencia del universo: el Movimiento. Germaine Dulac. Prolegómeno.En el marco de éstas jornadas en torno a la figura de Antonin Artaud y dentro de un espacio de reflexión que se propone explorar su relación con el cine, nuestra mirada recuperará una representación que lo involucró como guionista, el filme La caracola y el clérigo dirigido por Germaine Dulac en el año 1927. La indagación de éste relato cinematográfico nos exige, en una primera instancia recuperar un entramado particular, un momento dentro de la historia del cine denominado Vanguardias, un debate estético del nuevo arte en el seno de una industria cultural determinada, la producción cinematográfica francesa de la década de 1920; para arribar luego a La caracola y el clérigo como experiencia de un encuentro, el del poeta y la directora. Cine puro, música visual, el debate de una década...La década del veinte nos lleva a un tiempo donde el cine francés se recupera de la decadencia por la que atravesaba tanto industrial como artísticamente; terminada la primera guerra mundial e íntimamente ligado con el descontento reinante surge un momento estético llamado Vanguardia. Esta tendencia instala la necesidad de indagar el carácter poético del nuevo modo de expresión - el cine- como debate y lo hace en dos direcciones: desde la experimentación y la reflexión teórica. En ésta década - en la que algunos autores como Gutiérrez Espada reconocen dos momentos el primero llamado escuela impresionista ó primera vanguardia y el segundo denominado la segunda vanguardia - serán Abel Gance, Jean Epstein, Luis Delluc, René Clair, Elie Faure y Germaine Dulac algunos de los representantes que lleven adelante el debate en torno a la especificidad del cine como lenguaje artístico. Nos concentraremos en algunos puntos de éste debate siguiendo especialmente las ideas de Dulac - referente teórico condensador de ésta mirada cinéfila - y las vertidas por Artaud en función del filme que intentamos abordar. Germaine Dulac aboga en éste momento por un cine autónomo, un cine que se aleje de la dramatización, de la necesidad de contar historias articuladas sobre cierto número de situaciones dramáticas e interpretado por actores profesionales. En sus escritos pone de manifiesto la confusión que se da entre “ acción” y “situación” trayendo como correlato la idea desvirtuada del movimiento en su utilización como medio para multiplicar episodios y escenas variando sólo las situaciones dramáticas y novelescas; claramente se observa en su teoría un ataque directo a la idea de argumento. Como afirma Artaud, la utilización del cine para contar historias es vista por la directora como la privación de la capacidad que el dispositivo tiene de expresar las cosas del pensamiento. Dulac es una de las primeras en hablar de cine puro; así como lo hiciese en su momento la poesía simbolista, se evidencia la voluntad de aislar al cine de toda otra esencia que no fuera la propia, en búsqueda de la creación de un lenguaje poético privativo. El cine puro, escribía Dulac, “es el simple juego de movimientos que la cámara registra, independientemente de la acción que provoca estos movimientos” ( Paolella: 1967, p. 263). De alguna manera un cine intrínseco, puramente visual, independiente de todo elemento dramático documental. En su trabajo La Cinegrafía integral. Las estéticas. Las trabas se interroga acerca de las posibilidades del cine en tanto arte y, tras una breve pero profunda revisión sobre los treinta años transitados por éste fenómeno, expone la necesidad de despojar al cine de todos los elementos que le son impersonales; registrando su auténtica esencia en el conocimiento del movimiento y de los ritmos visuales. Un cine auténtico que buscara su emoción en el arte del movimiento de las líneas y de las formas. Un cine que no se asumiera como fotografía de la vida real o imaginaria como se lo consideraba hasta entonces, ya que de ese modo solo sería el espejo de épocas sucesivas incapaz de engendrar las obras inmortales que todo arte debe crear ( Dulac). Como vemos la definición del movimiento fílmico estará en el centro de las preocupaciones de la autora y esto derivará en otra marcada tendencia que circula en la época, que es la de la estrecha vinculación del cine con la música. “ El cine y la música tienen un lazo en común: el movimiento, por su ritmo y desarrollo, puede por sí solo crear emoción”; el movimiento es entonces aquel capaz de crear el drama, de dar armonías visuales . Los productos fílmicos fruto de ésta tendencia tratan de encontrar una forma de expresión que sea para la vista lo que la música para el oído, de allí que se los denomine música visual.Lo que se experimenta entonces observando ésta generación de ensayistas - como tendencia - es la necesidad de un cine que provoque una modificación de su universo. Un cine que implique la subversión total de los valores, un trastoque completo de la óptica, de la perspectiva y de la lógica. Ya no es posible, como lo exponía Artaud, “ocuparse indefinidamente en destruir su poder de galvanización por el empleo de temas que neutralizan sus efectos y que pertenecen al teatro.” ( Artaud: 1973, p. 7) En el marco de éstas teorías del cine puro y de la sinfonía visual Dulac crea un número de obras: Estudio cinematográfico sobre un arabesco, inspirado en la música de Debussy, Disco 927 sugerido por un estudio de Chopin, Temas y variaciones y La invitación al viaje donde procura condensar en imágenes la musical fluidez de la poesía de Baudelaire. En cierto modo, La caracola y el clérigo se aleja de las obras nombradas, muchos historiadores manifiestan que es la menos representativa de la producción de la autora y que esto se debe a la dominancia de la personalidad de su guionista, el poeta Antonin Artaud y su búsqueda de un cine visual. El filme busca dar a la psicología humana una forma más viva y activa dejando de lado la necesidad de hacer aparecer las motivaciones de los actos humanos y desplegarlos así ante nosotros en toda su original y profunda barbarie ( Artaud). Una experiencia: La caracola y el clérigo.Como esbozásemos hace un momento La caracola responde a las ideas de Artaud[2], a su deseo de utilizar los poderes de la imagen pura para hacer brillar la conciencia y liberar la parte oscura del pensamiento ( Artaud). El pensamiento ambicioso que ha inspirado este guión, dice el poeta, es plantear el problema de la expresión en todos sus terrenos y en toda su extensión. Junto a Un perro andaluz ( 1928) y La edad de oro[3] ( 1930) del español Luis Buñuel, La caracola y el clérigo es un filme surrealista. Esta tendencia halla su primer manifestación en un cortometraje de Man Ray, Retorno a la razón (1923 ), donde se evidenciaba la experimentación de los efectos de un montaje concebido desde el azar de la yuxtaposición. Alain Virmaux reconoce que La caracola fue el primer filme surrealista. Ahora bien, ¿qué se entiende por surrealismo?. André Breton en El primer manifiesto del surrealismo (1924) lo definía como “ una especie de automatismo psíquico con el cual el artista crea, en ausencia de todo control ejercido por la razón y de toda preocupación estética moral”. El autor - poeta tiene entonces la tarea de poner en evidencia el sin sentido fundamental del mundo, y al mismo tiempo exponer la realidad inmediata y eterna, rompiendo el cerco de lo contingente y lo efímero. Desde la llamada escritura automática, una suerte de escritura que sigue los impulsos del inconsciente sin que intervenga la censura de la razón, el surrealismo intenta relacionar la vida real y la actividad del inconsciente humano, hallando en los temas oníricos el mejor lugar de presentación, en tanto los sueños son una importante manifestación del inconsciente. Dentro de ésta tendencia, que ocupa en especial la segunda mitad de ésta década, el cine será definido como el ojo surrealista por excelencia. Como lo expresa el guión, La caracola... no cuenta una historia, sino que desarrolla una sucesión de estados del espíritu que se deducen los unos de los otros, “como el pensamiento se deduce del pensamiento, sin que este pensamiento reproduzca la sucesión razonable de los hechos.” ( Artaud: 1973, p. 8) En nuestro acercamiento al filme, coincidimos con Manuel Villegas López en pensarlo como un filme abstracto, poemático, sinfónico profundo, donde el tema sexual, y el manejo de las formas en función de lo inconsciente lo entronca con el surrealismo. Muchas de las miradas que hemos consultado para esbozar éste recorrido coinciden en pensarlo dentro del llamado surrealismo cinematográfico; ahora bien, las contradicciones aparecen cuando lo que se discute en el marco de éste proyecto es la autoridad que lo circula, ¿es la mirada del poeta o la de su autora? Una serie de malentendidos se montan sobre éste eje, despejemos algunos de ellos. El primero es el pensar que Artaud desaprobó pública y violentamente el filme de Germaine Dulac y la acusó de haber ‘desnaturalizado” su temática; esta versión es bastante esquemática, si bien existió fue tardía, nos basamos en sus cartas - anteriores y contemporáneas al rodaje - para decir que no hay prueba de ello, las mismas dan cuenta de cierto desinterés del poeta en relación a participar en el filme. Sólo en la carta fechada el 25 de septiembre de 1927 según Jean Mitry se percibe cierta impaciencia por verlo terminado. En segundo lugar, Artaud no había sido apartado de la realización del filme como se dijo, sino que él mismo no quiso aceptar la realización de su propio guión. Pasemos ahora a las acusaciones que se le han hecho a Dulac de ‘neutralizar’ las imágenes de Artaud bajo “una orgía de recursos técnicos”. Esto muestra claramente la comparación en la que ha caído el filme en relación a las producciones contemporáneas de Luis Buñuel, al que se lo rescata como aquel que “no cae en la tentación de ser seducido por la técnica”. Este reproche a la autora es por lo menos discutible ya que basta leer el guión para notar que el filme se esfuerza por desplegar las imágenes condensadas en él . Creemos que el texto – guión del poeta invita a los procedimientos técnicos utilizados en el relato fílmico, buscando una organización que sugiriera relaciones asociativas desplazando toda posibilidad de relaciones en términos lineales, y sugiriendo esa búsqueda de un orden sutil como lo quería el poeta . “ He pensado que se podía escribir un guión que no tuviera en cuenta el conocimiento y la ligazón lógica de los hechos, sino que, yendo un poco más allá, buscase en el oscuro origen y en el divagar del sentimiento y del pensamiento las razones profundas, los impulsos activos y velados de nuestros actos tenidos por lúcidos, manteniendo sus evoluciones en el terreno del surgir, de las apariciones.” (Artaud: 1973, p. 11) Nos preguntamos, entonces, sí ésta línea de malentendidos que circulan donde se habla de la “insatisfacción” de Artaud y de la “traición” de Dulac no hacen más que deslizar la imposibilidad de abordar el filme en tanto objeto. De alguna manera refleja la incapacidad de confrontar un modo de ver que busca “la verdad oscura del espíritu, a través de imágenes surgidas únicamente de sí mismas, y que no extraen su sentido de la situación en que se desarrollan, sino de una especie de necesidad interior y poderosa que las proyecta a la luz de una evidencia sin apoyos.” (Artaud: 1973, p.88) Esta es una experiencia que tiene como meta soñada por sus autores un filme donde no se narre, estando así obligados a concentrar los términos visuales abstractos y a proceder por puras asociaciones de imágenes que las palabras no pueden describir. La caracola..., como sus creadores la definen, es un drama para los ojos, se trata de la exposición de estados interiores. De la travesía particular que fue La caracola y el clérigo hemos rescatado fragmentos de una interpretación, la de Roberto Paolella:“Al comienzo de la acción, un teólogo entra en conflicto con un cura que representa el conformismo de la tradición sacra[4], mientras que un oficial de aspecto dichoso y arrogante, lleno de condecoraciones, simboliza el de la tradición laica y de muchas servidumbres militares: los tres personajes parecen disputarse el privilegio de una mujer bellísima de blancos cabellos, en la que se resume la identidad fundamental del eterno femenino... Las situaciones ‘visuales’ se suceden mediante un crescendo de complicaciones. En cierto momento el clérigo arranca el corsé a la mujer con la intención también de sacarles los senos; símbolo de la agresividad erótica y de la concupiscencia sádica. Pero, a este punto, los senos aparecen reemplazados por una coraza de conchillas, que, tomada por el religioso, es arrojada por los aires. (...)Las escenas que siguen se desarrollan en corredores que desembocan uno en el otro como otras tantas exteriorizaciones oníricas de una “libido desechada” en el fondo de la conciencia del clérigo; en cuyos reflejos se ha querido ver hasta la estéril alucinación de un hombre impotente, especialmente a través de la deliberada simbología de la llave, de la puerta y de la ampolla, tres elementos alusivos que parecen tomados justamente del diccionario freudiano de los sueños. Pero la llave tendría que tener un segundo sentido alegórico, de misterio de la vida como secreto de clausura....Mientras tanto, los acontecimientos se suceden.”Paolella intenta así describir en palabras las imágenes que se le aparecen. Siguiendo éstas apreciaciones corroboramos la falta de herramientas para interpretar la nueva lógica que imponen éstas formas estéticas. El autor no hace otra cosa que devolvernos el azar convertido en un ordenado recorrido cuyo razonamiento estriba en el encadenamiento lógico de los hechos, cayendo así en la lógica que éstos relatos rechazan. En el cierre de su exposición afirma: “En las últimas secuencias parece que el clérigo debe desposar a la mujer de los cabellos blancos, después de haber tratado de estrangularla. Pero cuando la vemos descender por una escalera que se prolonga hasta el cielo, lleva en la mano la propia cabeza, que hace espantosas muecas hasta el momento en que se transforma en una especie de líquido negruzco, justamente como en las viejas ferias de Méliés.”( Paolella: 1967, pp. 272-273)Aquí - como otros tantos historiadores del cine - Paolella no sólo trata de reproducir una sucesión razonable de los hechos en el filme sino que, desde la misma perspectiva intenta establecer una continuidad histórica creando vínculos en común entre el presente cinematográfico de Dulac y el antecedente inmediato, la figura de Meliés. Final de la partida...Por lo expuesto anteriormente, estamos en condiciones de afirmar que La caracola y el clérigo es el primer filme surrealista en el marco de la segunda vanguardia francesa. Una experiencia que denota las inquietudes teóricas de un grupo de creadores que basaban su indagación en las condiciones de posibilidad que el cine como lenguaje artístico ofrecía, desplazándolo del lugar de deudor de otras manifestaciones estéticas como la literatura y el teatro. Un drama visual que condensa en imágenes la mirada del poeta y nos ratifica la influencia que su pensamiento tuvo en toda una generación. La presencia del erotismo, la crueldad, la violencia, la disolución de los valores morales y la reiterada puesta en evidencia de la hipocresía social son algunas de sus huellas. La caracola y el clérigo sigue aún hoy enfrentándonos a "las convulsiones y sobresaltos de una realidad que parece autodestruirse con una ironía donde se oye gritar a las extremidades del espíritu". ( Artaud: 1973, p. 89) Bibliografía. AAVV. 1979. Breton, André. “Primer manifiesto del surrealismo ( 1924.)” En: Escritos de arte de vanguardia ( 1900 / 1945.) Madrid. Colección Fundamentos. Artaud Antonin. 1973. El cine. Madrid, Alianza. Gutiérrez Espada, Luis. S/f.“El cine francés: tras las vanguardias.” En: Historia de los medios Audiovisuales ( 1838-1926). Madrid, Ediciones Pirámide. Michel, Manuel. S/f. “ Los años locos.” En: El cine francés. México. Ediciones: UNA. Mitry Jean. “Surrealismo y cine”. S/d. Paolella, Roberto. 1967. “ La escuela francesa de vanguardia.” En: Historia del cine mudo. Buenos Aires. EUDEBA. Romaguera Ramió / Alsina Thevenet. 1980. ” La Cinegrafía integral. Las estéticas. Las trabas. ( 1927).” Barcelona. Ed. Gustavo Gili. Talens, Jenaro. S/f “ Una escritura del desorden.” En: El ojo tachado. Cátedra. Villegas López, Manuel. S/f “ A la sombra de Abel Gance ( 1919-1923)”. En: Cine francés. Ed. Nova.----------------------------- S/f“ La rebelión vanguardista. ( 1924-1928)”. En: Cine francés. Ed. Nova.[1] Trabajo presentado en: Plenario. VIII Jornadas Nacionales de Teatro Comparado, Antonin Artaud en la Argentina Organizado por: Centro Cultural Rector Ricardo Rojas (UBA) y Centro de Investigación en Historia y Teoría Teatral (CIHTT) Año: 2002. [2] En 1924, fecha de realización del guión de ésta pieza mientras trabajaba como actor de cine en Hechos Diversos de Claude Autant Lara ( filme esencialmente dadaísta) [3] Ultimo filme de vanguardia, supuso en la práctica el punto final de éstas experiencias y dio lugar al llamado documentalismo. [4] El subrayado es nuestro. |
| Actualizado ( Viernes, 10 de Julio de 2009 22:33 ) |




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