"El Titiritero": intensidad sobre el retablo, deleite en la platea PDF Imprimir E-mail
Escrito por Patricia Lanatta   
Domingo, 26 de Julio de 2009 23:17

El titiriteroEl titiritero. Libro, interpretación y dirección: Horacio Peralta. Realización de títeres: Gerard Guyon, Horacio Peralta. Premios Teatro del Mundo, UBA 2008, Escuela de Espectadores, 2008. Funciones: sábados, 20:30 hs. Centro Cultural de la Cooperación. Corrientes 1543. Calificación: EXCELENTE

Las criaturas de Horacio Peralta cuentan en pocas palabras vidas intensas.

 El titiritero se presenta a público y lo seduce con la sobriedad de su sonrisa y  movimientos pausados y misteriosos. Un poco antes de introducir sus criaturas le revela   pinceladas de su vida. Relata las primeras obras con su compañía Bululú Théâtre, y pronto conocemos detalles de las breves funciones en el Metro de París, entre una y otra estación. La marca indeleble de la última dictadura militar lo llevó a otros territorios donde azarosamente, encontró su destino de marionetista. Y fue en Francia donde recaló durante 30 años, punto de partida de su noble oficio.  Peralta despliega la estética de lo esencial, a la manera de Peter Brook, sus formas fantásticas se vuelven hondamente visibles ante nuestras pupilas. A sabiendas que los títeres mueven mareas muy profundas dentro de nosotros, empuña sus figuras y palpita en la platea la emoción fuerte. Sus criaturas son apasionadas y de pocas palabras, las ilumina el gesto. Danzan sobre breves dramaturgias con técnicas muy depuradas. Son personajes deliciosos: el escultor (mano enguantada), de perfil dedicado y silencioso, remite a su creador, sobre partitura de Tchaicovsky. Le sigue el imbécil (varilla), que se balancea con gracia y verosimilitud sobre canon de Pachelbel. La página siguiente descubre una historia de amor entre dos preciosos animales (boca), que se encuentran y seducen, coqueteando sobre los acordes setentistas de Elton John.  Hasta aquí los cuadros corren sobre pantomimas musicales que destacan el talento del autor, sin embargo, hacia el final irrumpe con fuerza la palabra, a través de dos personajes grotescos, interpretados con la técnica de manipulación directa. Primero la Parca que, con mucho humor, recuerda la finitud humana entre lágrimas y carcajadas. Más tarde, ingresa una anciana, con toda la acidez de muchos años sobre sus huesos y, a la vez, algo de niña –en la insistencia de contar su abultada vida-. Sobre este personaje se sitúa la ambigüedad del ser o no ser del títere, la relación entre creador-criatura, la afirmación de que uno existe con el otro. El espectador tiene la sensación de que la figura ¡ha ganado su independencia! Y esto se logra por la pureza del desdoblamiento objetivado, técnica aplicada con virtuosismo. La vieja ingresa a su canasta, a pedido del titiritero; lo hace a regañadientes. El titiritero entrega al espectador un final sorprendente. Peralta parece estar a la escucha de su títere-actor, listo a desentrañar las infinitas posibilidades que éste guarda. El personaje es y se deja ser.  Después del largo destierro, este artista vuelve consagrado, para hacer su arte en casa.

Actualizado ( Miércoles, 29 de Julio de 2009 15:40 )
 

jorge lopez

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