| Crítica: Esa extraña forma de pasión, Susana Torres Molina |
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| Escrito por Jorge Dubatti |
| Sábado, 13 de Febrero de 2010 16:15 |
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En la primera historia, una pareja de militantes se oculta en la pieza de un hotel alojamiento para protegerse, descansar y expresarse lo que sienten frente a los acontecimientos horrorosos que se han desencadenado y encontrarse en esa improvisada intimidad. En la segunda, una militante judía, que se ha enamorado de uno de sus secuestradores, atraviesa las coordenadas aberrantes de una perversa negociación de la que dependen su sobrevivencia, su libertad y su amor. En la tercera, un periodista, hijo de padre desaparecido, entrevista en el presente a una escritora que estuvo detenida en un campo de concentración y logró sobrevivir. Las tres historias, que corresponden a tiempos y lugares diferentes, se cruzan en el espacio común de la escena. El título refiere diversos objetos: nombra a la vez la pasión de la militancia, la pasión de la víctima por el propio verdugo y la pasión de la subjetividad fascista por la tortura, el asesinato y la violación de los Derechos Humanos. El teatro funciona así como un espacio de construcción de memoria y reflexión sobre la historia. (Camarín de las Musas, Mario Bravo 960)
Jorge Dubatti |
| Actualizado ( Domingo, 21 de Febrero de 2010 21:05 ) |




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